Por El Lobo, desde adentro

Estaba estudiando en la secundaria nocturna del barrio cuando caí en cana. Para cuando llegué al penal ya había perdido el año lectivo. Después de seis largos meses encerrado en el pabellón, ansioso por encontrar algo relacionado al afuera, tuve la suerte de poder salir al colegio y digo “suerte” porque el cupo que tienen los centros educativos acá no llegan a cubrir ni a la mitad de la población, ahí es cuando los del SPB te empiezan a querer inculcar que estudiar es un “beneficio”. Cuidar el “beneficio” significa hacer la vista gorda y no decir nada del mal manejo que tienen las autoridades con lxs internxs. Así se empieza a transitar un camino duro e injusto, donde salir a la escuela depende de si ese día tuvieron ganas de pasar por tu piso a buscarte, si no hay requisa, si están cortos de personal, si no hay luz, si vinieron lxs profesorxs, o cualquier otra excusa que suelen usar para cansarte y perder las ganas de continuar con el estudio.
Hay otro problema que tiene el estudiante: las condiciones en las que vive no le permiten poder continuar con las tareas extraescolares, ya sea por la sobrepoblación, por la convivencia, por las condiciones deterioradas de los pabellones, etc.
Por suerte pude terminar el secundario y hoy pude ingresar a la facultad, aunque no fue fácil y muchas veces no hubo ganas, llegamos, somos unxs cuantxs que la peleamos para que el sistema no nos gane. Ahí empezamos a comprender lo que significa ser estudiante…          
Ser estudiante privadx de la libertad es darle pelea a las injusticias que hay en la cárcel, es ser independiente, es ir siempre para adelante, es reclamar las cosas que nos corresponden, es organizarse. Porque el hecho de estudiar ya molesta.

Molesta porque aprendiendo estamos  creciendo, porque nos damos cuenta que somos un montón de pibxs peleando por un mismo objetivo: salir mejor de lo que entramos. Por eso molesta, porque lo único que tenemos lxs estudiantes hoy es a nuestrxs compañerxs, lxs que se esfuerzan cada día en poder salir del pabellón, lxs que estudian en condiciones inimaginables para los magistrados, lxs que se esfuerzan para poder meter una materia y el día que tienen que salir a rendir no hay un móvil para llevarte, y ahí es de verdad cuando les molesta, porque al día siguiente ven a lxs pibxs saliendo con sus mochilas derecho para el colegio. Cuando para ellos esas son las cosas que nos tienen que hacer desistir.
Molesta porque lxs pibxs no se callan, porque lxs pibxs escriben, porque salen de traslado y siguen peleándola desde otra unidad. Porque cuando queremos organizarnos y hacer un centro de estudiantes nos ponen un montón de trabas, pero la seguimos peleando. Hoy muchxs empezamos una carrera universitaria. Donde aprendimos algo que no te enseñan en la escuela: que la unidad hace la fuerza y a pelear por nuestros derechos.
Pero no nos quedamos con solo decirlo y quejarnos, estamos empezando a romper con el sistema, si, ya empezamos a romper, como cuando hicimos propuestas en el taller de revista para reformar leyes que solo están escritas en los libros pero que poco se ponen en práctica, y no solo no se ponen en práctica, sino que también las quieren endurecer, por eso se propuso y realizó una huelga de hambre, que se organizó e impulsó desde adentro y no una, sino dos veces. También un paro de actividades laborales, denuncias colectivas contra el sistema judicial y penitenciario.
Y ahí arrancó devuelta a soplar ese viento que tanto temen los de arriba; el del pueblo, del oprimido, del olvidado, el de lxs pibxs que queremos un presente digno y un futuro esperanzador. Que sea justo, con oportunidades y lo más importante, que te dejen elegir qué hacer.  
En la semana del estudiante queremos agradecer y recordar a todxs esxs compañerxs que, por no bajar los brazos y tener convicciones, pagaron el precio de algo que tendría y tiene que estar garantizado… una educación libre, gratuita y popular.

 

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