Las mujeres privadas de su libertad también gritan y exigen Ni una menos. También se sueñan y nos sueñan vivas, libres y fuertes. Nos convocan a movernos, a mirar donde-no-se-ve; a recuperar sus resistencias como banderas de lucha. A ensanchar horizontes y estrategias.  El movimiento feminista debe oír el llamado desde abajo, desde el otro lado de los muros; donde las pibas eligen y se la aguantan; enseñan, prometen y buscan.

¿Por qué Ni Una Menos desde las cárceles de mujeres?

Porque ahí están las pobres, las humildes. Las que salen a poner el cuerpo por un plato de comida, disputando recursos del espacio público, que les es hostil por mujeres y por pobres. Las que arriesgan la vida por un pedacito de autonomía y de libertad. En las cárceles están las jefas de hogar, las únicas a cargo del sostén económico y del cuidado de sus hijos e hijas. Están las del barrio, las del mate dulce para el frío; las que viven en la calle, las que se defienden todos los días de la policía y de los  machos violentos.

En las cárceles están las jefas de hogar, las únicas a cargo del sostén económico y del cuidado de sus hijos e hijas.

Ni una menos desde las cárceles de mujeres porque la mayoría de ellas viene atravesando un continuum de violencias de género que se redefinen y refuerzan en el encierro. Porque muchas están acusadas de delitos cometidos bajo presión o influencia de varones. Porque las reglamentaciones vigentes no consideran la especificidad de las problemáticas y necesidades de las mujeres. Porque la experiencia femenina es invisibilizada una y otra vez en los procesos judiciales. Porque el castigo asume, con las mujeres, una carga de moral patriarcal: intenta someter sus cuerpos y doblegar su autonomía.  Porque la justicia machista condena a aquellas que, después de sufrir años de violencia y de maltrato, dicen basta. Porque Higui fue atacada por lesbiana y está privada de su libertad por defenderse.

Porque la justicia machista condena a aquellas que, después de sufrir años de violencia y de maltrato, dicen basta. Porque Higui fue atacada por lesbiana y está privada de su libertad por defenderse.

Ni una menos desde las cárceles, porque allí los cuerpos de las mujeres se vuelven depositarios de violencias múltiples. Porque son maltratadas y requisadas en términos vejatorios por penitenciarios varones. Porque son trasladadas arbitrariamente, aislándolas de sus familias y despojándolas de los lazos construidos en los penales. Porque en esas largas horas de traslado, no pueden comer, beber ni abrigarse; están expuestas a la violencia de penitenciarios varones y viajan en “la latita”, porque no hay móviles acondicionados para ellas. Porque también son violentadas en términos sexuales y simbólicos. Porque les son negados el derecho a la educación, la salud y el trabajo. Porque además les son negados elementos básicos como toallitas y tampones; como también, controles médicos, ginecológicos y obstétricos.

Ni una menos desde las cárceles de mujeres, porque de esta salimos juntas. Porque ante la violencia y la injusticia de la justicia patriarcal, nos organizamos. Las pibas se sostienen, resisten. Porque sus cuerpos no son sólo depositarios de violencias. Son también territorio de posibilidades: espacio de reinvención y de búsqueda. Conquistan esperanza todos los días, como dice Analía. Se lavan la cara con agua bien fría cuando todo parece caer, y siguen; como dice Sole. Se unen, se acompañan, se apoyan en las espaldas de las otras. Juntas, para toda la rancheada. Se prestan ropa para ir al juzgado. Cuidan a los hijos e hijas de las demás cuando toca bajar al comparendo, a la inter o a la escuela. Se comparten la visita cuando la familia de alguna no puede ir.

Ni una menos desde las cárceles porque el feminismo tiene mucho que aprender de las experiencias de las mujeres privadas de su libertad, y de las estrategias de resistencia que reconstruyen a diario. Debe hacerse carne de la realidad de las pibas, y asumir sus historias como banderas de lucha. Porque no hay Ni Una Menos si nuestros gritos no llevan también los nombres, memorias y batallas de las que están del otro lado de los muros. Apostamos a hermanarnos entre nosotras porque sabemos que, ante la desidia del Estado y la impunidad de responsables y cómplices de la violencia de género, la salida está en nuestra propia fuerza colectiva. Salida que es con las mujeres privadas de su libertad, o no es.

 

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