Nota desde adentro- NOS RE VOLAMOS 5 / 2016

Hoy me desperté sabiendo que por fin volvía a pisar la calle. Volvía a pisar las calles que me hicieron. Para disfrutar de mis seres queridos después de un largo tiempo privado de mi libertad.

Me bañe. Me puse las mejores pilchas que tenia a mano. Me puse lindo para que mi familia me vea bien. Arme la mochila y mis compañeros me ayudaron con todos los detalles para que no me olvide nada. ¿Tenés todo? ¿Necesitas algo? Me preguntaron. “No vayas a bardear y disfruta mucho este momento” me aconsejaban.

Estaba todo listo. Era la hora que el cobani me abra la reja para ir a mi casa. Para diez, quince, media hora y mi alegría comenzó a convertirse en preocupación y mi preocupación en enojo, de pronto, en el momento que estaba por explotar y agarrar a patadas la reja, apareció un oficial que me llamo y me dio paso. El camino hacia la “puerta grande” se hizo interminable.

Y de repente, estaba afuera. Contemplando la cárcel desde el otro lado. Me di cuenta que el sol me pegaba mas fuerte. El verde me generaba alegría, el frío el gris y la humedad quedaban atrás.

La gente, pasaba sin darse cuenta que yo estaba ahí parado. En ese momento me sentí parte de ellos. Escuche una bocina y tras ella mi nombre. Era mi hermano junto a mi viejita. La felicidad que sentí en ese momento era indescriptible. Su abrazo me hizo volver a nacer.

Fueron las 48 horas mas cortas de mi vida. Pinte, corte el pasto, cocine, me tome una birras con algunos amigos del barrio, visite a la abuela, tía, conocí a mi ahijado, fui a bailar y visite a mi novia.

Cuando me quise rescatar se me estaba haciendo tarde para volver al penal. Llame a mi hermano y no me podía llevar, llame a unos amigos y tampoco. Mi novia me abrazo y su calor me hizo dudar si volver o no a la cárcel. Es muy difícil dejar nuevamente todo esto. Lo lindo de estar en libertad. Pero sabia que si no volvía, esa libertad no iba a ser completa, ya que la consecuencia era vivir escondiéndose de la justicia, lejos de mis seres queridos, por eso decidí volver.

Ahora el problema era como volver. De repente se abrió la puerta y apareció mi tío, el fumanchú, con una sonrisa de payaso. Que me dijo: -agarra tus cosas que te llevo.

Otra vez lo mismo. Cobanis, llaves, candados, gritos, cemento, olores, frío y humedad. El sol se había escondido tras el muro y mi cabeza maquinaba. “otra vez renegar” pero esta vez solo por 30 días, con la esperanza de alcanzar la libertad verdadera.

 

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