El ingreso, los laberínticos pasillos, la espera. Luego, la escuela, algunos globos, muchas cosas ricas y  las chicas esperándonos. Acomodamos mesas y sillas en el hall de la escuela, hacemos una ronda. Un pizarrón grande, sobre una pared alta, dice felices fiestas, escrito con letra cursiva. Miércoles 21 a las tres de la tarde. Tomamos jugo y no mate, porque hace mucho calor.

No es un taller más, es el último. El cierre de año que impulsamos desde el taller de Debate y Expresión (Atrapamuros) y que hacemos en conjunto con un taller que, semana a semana, trabaja con lxs niñxs y sus madres. Hoy somos muchas: entre 40 y 50 adultas; entre 25 y 30 niñxs y bebxs. Así que nos cruzamos un poquito todas: las de un taller y las del otro; las que venían el año pasado; las que recién nos conocen y quizá vengan el año que viene.  

Cantamos una canción de Gilda y otra de Los Redondos, mientras un compañero acompaña con la guitarra. Luego leemos la revistita que hicimos en el taller de debate; que repasa lo que hemos escrito y trabajo durante el año. Charlamos, entonces, sobre la importancia de recuperar nuestras voces. Voces fuertes, voces convencidas. Queremos, todas y para todas, nuestro derecho a decir lo que pensamos, lo que sentimos, lo que deseamos.  

Hablamos, también, de cómo nuestras experiencias y puntos de vista están atravesados por nuestra identidad como mujeres; y la manera en que esas experiencias y puntos de vista son silenciados y ninguneados por esta sociedad, que es machista. Ponemos en común, por lo tanto, cómo hemos debatido y expresado nuestras opiniones sobre el género durante el año, qué implica para nosotras ser mujeres, cómo nos reivindicamos y por qué nos consideramos feministas.

Entonces, no sólo debatimos en torno a la violencia de género sino también sobre las estrategias que las mujeres nos damos contra ella. Recuperamos al feminismo como una herramienta de lucha, un camino posible, el sueño de un mundo más justo para todas y todos. Nos sumamos al grito de ni una menos; porque nos exigimos vivas, nos queremos juntas y fuertes. Nos plantamos ante lo que la sociedad machista dice que tenemos que ser y nos reafirmamos desde nuestros cuerpos, nuestros amores, nuestros placeres. Tenemos derecho a reconstruir nuestra identidad todos los días, a probar, a gozar, a intentar.  

Allí, en el taller de cada semana, en el encuentro, en el juego, en la pregunta, en el abrazo; nos pensamos y recuperamos desde nuestros puntos de vista y experiencias. ¿Participan en política las mujeres?, discutíamos en un taller en octubre. ¿Cómo no vamos a participar en política si somos las primeras en salir a rebuscar la olla cuando no hay?, se posicionaba, segura, una de las chicas. Entonces: las que participan en política, las luchadoras. Las que aguantan, las que dan todo. Las que se organizan, las que se cuidan entre ellas. Las que gritan, las que lloran. Las que quieren más, las que buscan. Las que tienen miedos y tienen preguntas. Las que también tienen esperanza. Las que, como decía otra de las compañeras del taller, se lavan la cara con agua bien fría cuando todo parece caer… y siguen. Y entonces, también las que siguen, por ellas y por sus hijxs. Las que aman, las sinceras, las que van de frente. Las que apuestan, las que aprenden. Las madres, las trabajadoras, las estudiantes, las amigas; las incansables, las fuertes; las que se juntan para resistir, en este día y cada día.


Y sobre el final de nuestro miércoles: los mimos, los abrazos, las despedidas. Quedan preguntas, debates, búsquedas. El año que viene volvemos, a seguir aprendiendo, inventando y construyendo. Lohana Berkins decía que el amor, ese amor que nos negaron, es nuestro motor de cambio. Juntas, hermanadas en una lucha que es compartida, nosotras tenemos el amor. Y la alegría y la fuerza. Y las ganas de seguir.

 

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