El martes 16 de agosto se presentó el libro “El inadmisible encanto de la violencia” de José Garriga Zucal. En ese contexto se realizó un panel llamado “¿De qué hablamos cuando hablamos de violencias?”, donde nos propusimos problematizar las diferentes dimensiones que las prácticas violentas alcanzan y las diversas formas que adoptan. Haciendo un recorrido desde las violencias cotidianas, llegamos hasta la violencia institucional. Nuestro compañero Lupo Magallanes, ex privado de su libertad, realizó una intervención en la que propuso desmembrar el sistema de violencia estatal para poder analizarlo más detenidamente. Aquí la compartimos para seguir avanzando en el debate sobre las diferentes formas que adopta la violencia dentro del sistema penal.


<<Quería primero agradecer, me gustó mucho el libro, es fácil de entender, de interpretar. Me permitió pensar algunas cosas y me dio pie para hacer un pequeño resumen de cosas que yo pensaba. Estoy hablando desde dos lugares. Desde la experiencia de haber atravesado ese campo de violencias, haber estado detenido doce años; y la otra dimensión que es la intervención y la militancia. Soy parte de Atrapamuros y de Patria Grande. Esto es lo que me permite ir generando una forma particular de conocimiento sobre las violencias de las que estamos hablando. Así tanto en los barras como en los policías, entendemos cómo la violencia toma otro significado que permite recuperar la perspectiva de lxs actores como punto de arranque muy importante para la comprensión de la problemática.
Vamos a pensar en la cárcel, el servicio penitenciario, las condiciones estructurales de la violencia en la vida en la cárcel. Cuando unx se imagina las violencias en la cárcel, suele pensar en la violencia física, que existe, pero para llevar nuestro análisis más allá tenemos que hablar de otro tipo de violencias, que para que puedan ocurrir es necesario que el Estado intervenga de alguna manera.


“Los escritos de tu juez están en chino. A mi me costó cuatro años entender a dónde iban. Pero al principio firmaba sin entender nada, porque me decían mi abogado nomás, que supuestamente me convenía. Y así fue como me puse ladrillos en mi propio camino.”


Vamos a tratar de entender violencias más complejas que la del encargado dándole un palazo en la cabeza a un presx, y el por qué es necesario recurrir a otras violencias. Las prácticas violentas tienen significación en tanto el espacio, tiempo, contexto, relaciones sociales en que se desarrollan. Pensando en la cárcel, la violencia física puede ser un recurso muy necesario pero a la vez contraproducente para quien lo ejerce, por los problemas que puede causarle al ejecutor de la violencia el provocar daños irreversibles -por lo tanto comprobables- en los individuos perjudicando directamente en su carrera de penitenciario.
Es también en estos hechos que podemos ver las lógicas del encierro, como la construcción de líderes en la cárcel. Soportar una o varias palizas por parte de la policía significa que uno tiene aguante y es un enemigo directo de la policía, por lo tanto no es un informante o buchón, generando un líder hasta político dentro de ese contexto.


“Supe que iba a estar peleando desde mi entrada hasta que saliera. Por lo general, cuando alguien entra, se tiene que pelear con cuchillos, facas, para ganarse un lugar y defender las pertenencias con las que llega. Se trata de ganarse un respeto”.


Ahí es donde podemos entender el porqué de recurrir a otros tipos de violencia, que para que se ejerzan es necesario una articulación entre las diferentes esferas del Estado que hacen al funcionamiento del sistema de encierro. Para no caer en simplificaciones, hablamos de actores y acciones puntuales a los responsabilizamos de esto. Tenemos que evitar caer en interpretar a la violencia como una forma de ser de determinados actores. Pensamos más allá de los agentes del servicio penitenciario, por ejemplo el encargado, como responsables de todas las violencias ejercidas en ese contexto.
Al hablar en plural de las violencias, entendemos que para ejercerlas es necesario que el Estado intervenga en conjunto con diferentes actores. Tenemos que hablar necesariamente de una red de violencias institucionales que incluye a la burocracia de las instancias judiciales,  a los legisladores, la policía. En ese sentido es que hablamos de una violencia construida desde el Estado. Pasamos de observar y simplificar la explicación desde el actor individual, o sea el penitenciario, al conjunto de actores e instituciones que construyen la forma de la violencia estatal.


“Fui a parar a sanidad, esperando la ayuda de un médico que se repartía entre dos unidades. La espera no sirvió para mucho, porque lo único que hizo fue darme una pastilla en mal estado. Después me enteré que eso era un diazepán, para que me duerma y no joda más”.


Esa violencia institucional se construye sobre la dimensión de valores y violencias cotidianas y sociales, que se generan tanto al interior de las condiciones particulares en la cárcel, como en los otros ámbitos. Y no es la creación  de un solo tipo de actor, sino que reside en la creación de un tipo de actores, prácticas, discursos que involucran a una serie amplia de actores.


“Trabajamos de 12 a 14 horas, con un sueldo que en la mayoría de los casos no excede los 45 pesos por mes: realizamos la recolección de residuos, instalaciones eléctricas, trabajos de plomería, pintura, jardinería y limpieza. Si te coincide con colegio, cagaste, porque si empezás a turnarte para faltar perdés el beneficio”.


Queríamos dar una idea de cómo el servicio penitenciario recurre a otros tipos de violencia que necesitan ser complejas en el sentido de que para poder ser ejercidas. Por ejemplo, para pedir un traslado o una solicitud de libertad ante un juez, se necesita tener determinado beneficios como trabajar o estudiar, pero lo cierto es que las condiciones en que esto se da dentro de la cárcel no permiten a la persona tener ganas de trabajar, poder salir al colegio. Cuando se recurre a este tipo de violencia es necesario que haya una articulación entre el juez, el servicio penitenciario, un psicólogo que haga los exámenes criminológicos, entonces el Estado está encargado de asumir ese rol violento para poder controlar, dominar, coartar y todo lo que sabemos que tiene que ver con la opresión a las personas; escapando de la violencia física que puede opacar la carrera de un penitenciario. Es por eso que los jueces, psicólogos e instituciones que actúan en la cárcel son cómplices del uso de la violencia como un recurso del Estado>>.


A lo largo de la charla se leyeron diferentes fragmentos de escritos y testimonios desde el encierro, que relatan en carne propia y con ejemplos concretos de qué hablamos cuando hablamos de violencia institucional sistemática y articulada entre diversos agentes del Estado.

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