Por Marino C.

El sábado 7 de junio se realizó la Feria de Arte y Diseño organizada por la Cooperativa Hombres y Mujeres Libres, un espacio donde el cooperativismo aparece como una oportunidad de reconstruir los lazos que la cárcel y la pobreza rompen, y una salida laboral frente a la falta de amparo del Estado y las marcas del Servicio Penitenciario.

En la mutual Sentimiento, situada en Avenida Lacroze 4181, 1°piso (Chacarita, CABA), se encuentra funcionando la Cooperativa Hombres y Mujeres Libres (HyML), un espacio autogestionado conformado por personas liberadas y familiares de gente privada de su libertad.

Claudio, uno de sus fundadores, define a la Cooperativa HyML como “una cooperativa textil” que “surge de la necesidad de tener un trabajo digno para los chicos que recuperan la libertad. Nace también de decir: perdón sociedad, acá estamos, estamos laburando, queremos seguir trabajando”.

Con el tiempo, la idea se amplió y comenzó a pensarse en hacer una feria, que ya alcanzó su cuarta edición el pasado sábado 7. La Feria de Arte y Diseño se realiza mensualmente con el objetivo de reunir a diferentes cooperativas, microemprendimientos y a cualquier persona que necesite un espacio donde vender sus productos.

“Dijimos: ‘tenemos un espacio grande, hay un montón de gente en estado de vulnerabilidad que no tienen lugar dónde vender sus cosas’. Apostamos a que en un futuro haya muchas más familias que puedan venir acá y vender lo que hacen artesanalmente los chicos que están detenidos”, dice Claudio respecto a quiénes participan del evento.

Al recuperar la libertad

Las dificultades para conseguir trabajo, luego de haber estado privado de la libertad, son muchas. La falta de calificación es una, pero otra muy importante son los antecedentes. Esta es una problemática que una vez fuera suele ser la causa de la vuelta al delito.
Aún desde el encierro, José empezó a pensar cómo encontrar una salida. “Hace 18 meses que salgo de permiso transitorio, buscando trabajo desde el primer día que salgo, golpeando puertas. Era todo no, todo discursos político, pero en concreto nada… Y más cuando les decía que el laburo era para cuando recupere mi libertad”.

Tras una larga búsqueda por la que relegó el tiempo para ir a estar con su familia, José encontró la Cooperativa HyML: “Un lugar para pensar con gente que piensa como yo, gente excluida, que me podía entender, yo podía llorar y ellos podían entender por qué yo estaba así. En cada salida venía a buscar 200, 300 pesos a la Cooperativa, por más que yo haya llevado laburo o no. Y para mí eso es más que importante porque yo cargaba mi SUBE con eso”. Además “si no tenía que ir de nuevo a ver a mis viejos, o la verdad, otra vez a la gente del delito. ‘Dame plata, dámela’ y te la dan, porque saben que vos vas a seguir en la misma. Sabía que pedir plata era más de lo mismo. Cuando encontré a estos me sentí, ‘uhh, bien ahí’. Bien ahí que voy a poder generarme algo, cargar la SUBE y volver al penal”.

La unión ante la vulnerabilidad

No tan distintas es un desprendimiento de Perdidos en Retiro -organización que se encarga de dar la merienda y realizar talleres en Retiro desde el 2008- que trabaja con mujeres en situación de calle. “Ya son 3 años. Antes eran talleres de contención, las pibas venían e intentábamos hablar de sexualidad, maternidad, pasar un buen momento, estar tranquilas… era más bien terapéutico, hasta que fue decantando en algo productivo”.

Que todo el esfuerzo se vuelva algo redituable económicamente lleva tiempo, transitándose entonces un proceso en el cual el fruto consiste en algo muy distinto al dinero. “Esto es el día a día, te digo la verdad, sin vergüenza, yo cargo la SUBE nada más con esto, y a veces no ceno a la noche porque no me da el presupuesto de la coope”, cuenta José.

No obstante, insiste en la importancia de asumir el esfuerzo: “Si no tuviera a mi familia que me apoya y si no hubiera conocido la Cooperativa, sinceramente no sé qué hubiera pasado. Veo un futuro acá, generar un espacio para mis compañeros cuando salgan en libertad, de poder decirles, ‘mirá, seguí este caminito, golpea acá, y vas a armar la tuya”.

Algo también compartido por Ayelén, de la Cooperativa Esquina Libertad –imprenta y editorial construida en la Unidad 2 de Devoto y que articula espacios de trabajo, dentro y fuera del penal-: “La lógica de trabajo cooperativista, de pensar la ayuda mutua, la solidaridad, el trabajar sin patrón, autogestionándose el trabajo y cómo se va eso fusionando en el laburo, es un ejemplo de inclusión en la realidad concreta”.

El encierro más allá de la cárcel

Las cárceles están pobladas en su mayoría por gente pobre. Según el Informe Anual del Sistema Nacional de estadísticas sobre la ejecución de la pena del año 2012 para el Servicio Penitenciario Federal (SPF), de las 9.807 personas encerradas más de la mitad no había llegado al nivel Secundario de la escuela antes de la prisión. El 23% tenía el Primario completo y el 30% el Primario incompleto. A esto habría que sumarle el 17% con el secundario incompleto y remarcar que sólo el 10% había finalizado el nivel Secundario, quedando un 4% que ha accedido a algún estudio terciario o universitario antes de entrar a la cárcel.

Se trata de una realidad que no es revertida durante el tiempo que dura el encierro. El 75% de la gente detenida no ha participado en instancias de formación o capacitación laboral. En palabras de José, “los chicos que salen en libertad y no tienen estas herramientas lo primero que hacen es abandonar todo y volver a lo que saben de chicos. Es lamentable pero es así. No tenés una ayuda en la cárcel, ni psicológica, ni para comer, es una vergüenza que tu familia te tenga que llevar para comer”.

“Si no existe algo como esta Cooperativa creo que va a haber muchos casos de reincidencia porque no hay herramientas pos penitenciarias, ni antes. Chamuyo hay un montón, pero en la práctica no hay nada. Nosotros lo vivimos, lo vivimos hoy acá”, agregó.

Un Estado (no tan) ausente

Las entidades encargadas de proveer de asistencia a quienes recuperan la libertad y a la familia de la gente presa son el Patronato de Liberados en la Prov. de Bs As, y Readaptación Social en Nación. Ambas funcionan de manera deficiente y se encuentran colapsadas. Para Ayelén “no hay un proceso de poder bajar proyectos para los pibes cuando van saliendo. Si vas a tramitar un plan autogestivo al Patronato de liberados y tardan un año y medio y la persona tuvo que estar en la calle buscando laburo y no consiguió, ¿qué hizo? Criticamos cómo están funcionando actualmente los Patronatos de liberados que no dan ningún tipo de contención ni seguimiento a ninguna persona que sale de estar privada de la libertad”.

Pero allí donde la asistencia social es flaca, el Estado se refuerza como Estado policial, estigmatizando, persiguiendo y encerrando gente pobre, profundizando su vulnerabilidad. Para el 2012, de las 9.807 personas encerradas en el SPF sólo 4.356 se encontraban con condena, es decir, el 44,4%. La gente procesada -encerrada por aplicación de la prisión preventiva- es el 55,5% de ese número.

Estos números representan la realidad de las 60.000 personas que hoy, en Argentina, están privadas de su libertad. Desconocidos para la sociedad, excluidos del mercado de trabajo y marginados por el Estado, una vez en libertad, encuentran como única y mejor vía de reinserción social proyectos independientes y autogestionados.

*Escrito para Notas, periodismo popular.

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