En el centro, un pibe gritando. Un águila, a su derecha, intenta tapar su voz- símbolo de poder y autoritarismo, las águilas son aves depredadoras que acechan y vigilan desde arriba a sus presas-. Pese al esfuerzo del animal, la boca del hombre se superpone a la garra. El hombre hace fuerza con sus dos manos para quebrar los barrotes que lo aprietan. Entre la fuerza ejercida y la intención de censura, persiste el grito.

Desde abajo brota una multitud que, alzando un libro con sus brazos, sostiene al pibe y le da impulso. Del libro a su vez, nacen más manos que sujetan herramientas: un pico, una pala, pinceles y lápices. La multitud emerge de un montón de piedras caídas que antes puede haber sido un muro. Entre las personas, una levanta un cartel que lleva escrito “Centro de Estudiantes Mariano Moreno”.

Las líneas, la resistencia, los gestos, la fuerza, los colores, la lucha por validar un derecho, el grito, el intento de opresión, la censura, las personas agrupadas y el fin común estaban plasmados en la pared. Todo aquello que unx entendía al ver el mural de la Escuela de la Unidad 18 de Gorina era un reflejo de lo cotidiano que pasa en la cárcel, y elementos constitutivos de todo encierro. Hechos que aún persisten, a diferencia del mural.

El trabajo había sido realizado en abril de 2010 por pibes universitarios y de población junto a gente de afuera, y fue borrado hace aproximadamente un mes y medio, sin previo aviso, sin consulta, sin acuerdo, sin consenso ni explicaciones. Los pibes entraron a la escuela de la Unidad y vieron que la pared en la que tanto contenido alguna vez plasmaron, ahora era blanca y no quedaba línea alguna de lo mucho que antes había.
La decisión fue por parte del nuevo Jefe de Escuela, que mandó a borrar la figuración de las construcciones y los avances que allí se venían dando. Un mural es una imagen que impacta desde su gran tamaño y que conlleva un relato. Existe para expresar un sentido y contar una historia. Se lleva a cabo de manera colectiva y en un contexto específico, ya que el mural se apoya en una pared, y ésta pertenece a un lugar en particular. Nuestro muro es de la escuela de una unidad penitenciaria, y la censura del mural fue un acto represivo contra la cultura, la expresión y la organización desde el interior del penal.
Este es un caso demasiado concreto y punzante entre las muchas prácticas que buscan el desgaste y la ruptura de las esperanzas. Una acción tan tangible e impactante como el hecho de que ahora sólo haya blanco. El blanco es un color que simboliza pureza, inocencia, paz. Esta capa de pintura pretende comunicar otro mensaje. Se arroga la autoridad de hablar de paz donde antes había un grito, de inocencia donde antes un águila tapaba una boca; se pretende pura, por lo que lo impuro sería el contenido previamente borrado. El blanco intenta -imponiéndose, ocupando el lugar del mural, borrándolo- serenar la sensación de desesperación y calmar las ansias de rebeldía de los pibes que están privados de su libertad.
Ese mural no podía estar ahí porque manifestaba demasiadas cosas y con mucha claridad. Comunicaba la opresión y el autoritarismo, la necesidad de gritar y la intensión de callar el grito. Era un aliento hacia el crecimiento, hacia la mente crítica y hacia la fuerza del trabajo organizado. Por todo lo que trasmitía a cada pibe que se paraba enfrente, por el orgullo que les generaba, por las cosas que podía movilizar es que fue borrado, tapado, invisibilizado y minimizado a una pared prolijamente blanca.
Desde Atrapamuros y el Centro de Estudiantes Mariano Moreno de la Unidad 18 de Gorina no podemos pasar por alto esta situación. Denunciar esta práctica y difundir lo ocurrido es consecuente con el mensaje que el mural daba, y con el trabajo que realizamos desde el Centro de Estudiantes todos los días.
Lo que expresaban las imágenes lo seguimos llevando, y con una capa de pintura no se va a tapar. Es una elección ser de las manos que dibujan y no de las que borran.

 

 

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