Por Marino Chaves y María Eugenia Ambort

Un nuevo día de las mujeres. ¿Qué se nos viene a la cabeza cuando pensamos en las mujeres? ¿Qué estereotipos se nos presentan? ¿Nos imaginamos cómo es la vida de una mujer que está presa? En esta ocasión, algunos aportes para repensar qué es lo natural y qué no, sobre eso que llamamos “ser mujer”.

Más allá de las razones por las que el 8 de Marzo sea el día de la mujer (o las mujeres), una larga lista de estereotipos debe estar circulando hoy por la cabeza de cada uno/a al rememorar la fecha. Mujeres trabajadoras, mujeres madres, mujeres que estudian, mujeres que luchan; modelos, presidentas, secretarias, locutoras, hermanas, novias, amigas… La lista sigue, y las opciones se combinan infinitamente en cada caso, mientras cada mente imagina una silueta, una particular forma de ser, una manera de hablar, de pensar, de sentir. A pesar de la cantidad y diversidad seguramente resultante, nos preguntamos ¿En cuántas de las imágenes, que en este día, creamos para pensar a las mujeres, para problematizar su lugar en la sociedad, tenemos en cuenta la imagen de una mujer presa?

Nos atrevemos a decir que no en muchas. Es por eso que traemos a colación algunos elementos que permitan ampliarlas; para repensar y complejizar un poco más eso que supuestamente es ser mujer, y de lo que por consiguiente, debería tratarse este día.

“Ser mujer es todo”[i] dijo una vez una compañera privada de su libertad en la Unidad 33 de los Hornos. Esta expresión puede ayudar, siempre y cuando tengamos la sensibilidad suficiente para comprender lo que ese “todo” implica. Pero a su vez, quizá deja demasiada libertad para que el mismo “todo” sea completado de manera arbitraria. Proponemos llenarlo entonces, teniendo en cuenta las sugerencias de otras compañeras. Ante todo, que “sería un poco mejor poner todo en una balanza, no es toda la culpa de la delincuente, también de la sociedad y de muchos “jueces”, en aplicar condenas sin ver las verdaderas pruebas”. Así que, quienes tenían pensado señalar, deberán bajar el dedo y leer.

Para contextualizar, es importante resaltar que: “por necesidad caes en delito, porque la sociedad misma es la que no te da trabajo. A cierta edad no servís. Es la gente la que te impulsa a delinquir porque no te da lugar”. Sin dejar de tener en cuenta que “desde hace un tiempo para acá las mujeres son las jefas de familia, sobre todo en las partes más excluídas de la sociedad. Tenemos madres con muchxs hijxs, de diferentes padres que no se hacen cargo de la familia. Al pertenecer a sectores más desfavorecidos de la sociedad tienen que cometer delitos económicos casi todas, para poder solventar al grupo familiar. Por eso hay un 300% de la delincuencia femenina. Esto deja bien en claro que no estamos hablando de una población delincuente, sino una población de mujeres que yo admiro mucho porque para ir contra todas las leyes, contra toda convención social para alimentar a tus hijxs, tenés que tener valor. Entonces a mí me parece que no las podés llamar delincuentes, sino corajudas”.

Coraje que se ve en sus actitudes, en su saber que “esto no te tiene que atrapar a vos. La cárcel no te tiene que vivir a vos, vos tenés que vivir la cárcel”. Coraje y fuerza que asumen para hacer lo que sea por sus hijxs, tanto adentro como en libertad. “La gente se está muriendo de hambre afuera, y si tus hijxs están pidiendo pan vos tenés que salir a robar, porque no da que pasen hambre”. “Una tiene que hacer todo por lxs hijxs”. “Hay cosas increíbles, porque cuando una mujer llega a sus beneficios de condicional, suele apelarlo para esperar al último día de su condena por el hecho de que adentro tiene trabajo esclavo y puede sacar unos cientos de pesos para lxs hijxs. (…) Entonces, cuando vos ves a las mujeres que prefieren quedarse hasta el último día de condena, en vez de salir en condicional, decís: esto es antinatural”.

Y es que las fronteras entre “lo natural” y “lo antinatural” se desdibujan cuando ingresamos al cruento mundo carcelario. Por un lado, lo natural sería que una mujer cumpla al pié de la letra el rol de madre y esposa que le toca en nuestra sociedad. Y por definición, una mujer presa no lo cumplió. Diga lo que diga falló, y su sola imagen tras las rejas alcanza para mostrar esto. Entonces, lo natural, estar en libertad, deja paso a lo antinatural: elegir estar encerrada para asegurar un plato de comida. Y si bien estar encerrada es antinatural, pasa a ser lo natural, porque quien roba va a la cárcel. Esto es así aunque no sea natural que una mujer esté encerrada, porque no es natural, ni aceptable, que una mujer no cumpla su rol de madre. Aún peor, ya que no sólo se falla como madre, sino también como mujer. Porque las mujeres no roban, no matan, no se quejan, no piensan, no toman iniciativas, no se plantan.

En este punto, quien lee quizá diga “en ningún momento pensé eso”. Pero lo haya pensado o no, una cosa es cierta, y es que esas mujeres están presas por haber actuado de esta manera, por haber contrariado esa imagen aceptada de mujer que acabamos de insinuar. Podría pensarse entonces, en qué punto esa idea, ese estereotipo, a pesar de no ser compartido por nadie (¿por nadie?), se hizo realidad. Realidad en tanto, se juzga moral, hipócrita, desigual y arbitrariamente a la mujer que robó para alimentar a sus hijxs, a la que mató a su golpeador, a la que reaccionó luego de su violación. “No hay muchas vueltas. O te vas y perdés todo, o te quedás y te matan, o te defendés y vas presa”.

Entonces, quizá sea provechoso detenernos en esas nociones de lo natural y lo antinatural para decidir qué contenido queremos darles; construir qué es ser mujer para nosotrxs, así como una vez lo hicieron las compañeras de la U33 en un taller. Aunque posiblemente los resultados sean demasiado variados y descubramos que expresiones como “lo natural” no son las adecuadas para hablar de relaciones humanas; porque seguramente, los estereotipos y roles machistas impuestos que reproducimos a diario (más allá de que suela hablarse del machismo como hecho parcialmente superado, propio de otras generaciones, y como cosa de otros), empezaron a colársenos a través de nociones que sin más, fuimos considerando como naturales.

Aprovechemos este día entonces para reflexionar sobre esas cosas que concebimos como naturales, y para encontrar las palabras y los actos que nos permitan superar las desigualdades e injusticias machistas. Deberá ser una tarea que en el peor de los casos algunxs empezarán hoy, pero que de ningún modo puede abandonarse mañana.

[i] Las frases citadas corresponden a las mujeres privadas de su libertad que han participado de un taller de radio realizado en la U33 de Mujeres Madres de los Hornos por el Colectivo de Educación popular en Cárceles Atrapamuros en los años 2011 y 2012, y en una entrevista realizada a Karina “La Galle” Germano. A su vez, pueden encontrarse en artículos publicados en los números 3 y 4 de la revista Atrapamuros.

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