Desde adentro

Muchas historias hay de las tierras de la vieja África,

donde habitan especies las cuales muchas son mágicas.

De animales melenudos como el león,

hasta pequeños del tamaño de un ratón.

De colmillos de elefante q no tienen comparación,

 y extraños y con razón como el okapí en vías de extinción.

Sin embargo en dos de ellos me centraré,

 en el elefante y el ratón como ya les nombré.

 Moloso sin razón,

 el elefante va meta pisotón.

 No pide permiso

 y aplasta todo lo que así el quiso.

 Le teme hasta el león quien se cree rey,

 y se supone que impone la ley.

Magnánimo animal,

al que nada hace mal.

 Sin embargo no equivoquéis,

que si miras atentamente algo encontrareis.

 Ese pequeñito que llamamos ratón,

 no es otro que un guerrero bravucón.

 Y esto el elefante lo sabe bien,

 y como gran inteligencia el tiene en la cien,

 tratara de evitarlo si lo puede hacer,

 para que aquel sus pies no trate morder.

¿que hago hablando de elefantes y ratones?

bueno hay varias razones.

para lxs que luchan por lxs de detrás de las rejas,

pretendo dejar una moraleja.

 Me tomare el atrevimiento,

 y si, así lo siento,

de hacer un llamado de atención

en busca de la liberación.

No hablare idílicamente,

 y tratare de no ser vehemente.

 Solo dar ánimos para luchar

 y así poder continuar.

No pensemos la revolución

 solo como un gran cambio en la globalización.

Sino como pequeñas conquistas del día a día,

 que nos deben llenar de alegría.

El cambio se da si se sabe mirar,

como hace el elefante cuando al ratón se pone a buscar.

No pretendas ser un león

cuando solo sos del tamaño de un fríjol.

 Muévete rápido y conciente de tu tamaño,

que así podrás hacer mas daño.

 No habrá elefante que te detenga

si tienes compañerxs para la arenga.

La nuestra entre rejas es una mordida mas a la pata del elefante,

 y por eso necesario que esto se torne algo constante.

Unida a la mordida de muchxs otros ratoncitxs,

tal vez algún día salgamos invictxs.

Por eso que no decaiga, y a seguir masticando hasta empacharse,

 que el cambio solo de acciones y mordiscones se hace.

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