Hoy me toca empezar a mí, siempre a alguien le toca. Todo camino se empieza, pero sólo cuando se camina, no existe camino mientras no haya movimiento ni quién lo camine. La militancia nos mueve, pero nos mueve porque hay injusticias y mentiras que nos indignan, nos entristecen. Lo que de verdad nos conmueve son los pibes y las pibas que se encuentran vulneradxs. Porque hay muchas cosas para hacer y para cambiar, empezamos. Nada más y nada menos que por la cárcel. De vuelta, de vuelta y cuantas veces sea necesario, de a pasos y gritos. A algunxs les rompemos las bolas, molestando al poder, a la pachorra e inmovilidad a la que el prejuicio nos ata, nos encierra.

Esas rejas, este ciclo que empieza cuando las hojas se empiezan a caer, con un marzo que abrileando quiere empezar a aletear y decirle: ¡Minga! No me vas a dejar volar. Destruyendo esos pesos pesados, esa estupidez tan efímera ¿la conoces a: «Esas rejas»?: La ilusión, el juicio sin evidencia, el miedo y la avaricia provocados por ignorancias, ilusiones y mentiras impuestas. De a poco es que nos vamos haciendo más livianos y entramos de un lado al otro, aunque el muro sigue ahí, aunque ese borde que erigimos todxs, aunque esa cárcel que algunos levantan por miedos, inseguridades, incertidumbres e intereses. El o la atrapamuros sigue ahí, entrando, diciendo y sabiendo que muchos de nuestros muros son propios, y muchos muchos impuestos y adoptados porque la ignorancia nos ata, nos deja vulnerables ante el oportunismo, aprovechamiento y concepciones superficiales que provocan ese actuar injusto de esta gente que no se da cuenta ni le importan las desigualdades.

Qué increíble es saber que la estupidez humana logre ponerle fronteras a todo, me impresiona realmente que algo tan psicológico logre algo tan concreto y pesado como una frontera –sería hermoso que sea una sin límites, pero no, no es un horizonte que nos acercamos y nunca llegamos, porque como dice un tipo piola, para eso sirve la utopía, para caminar. Sin embargo, ésta es una frontera- con gendarmes, con servicios penitenciarios, con aduanas, con nacionalismos y barrabasadas de la misma bosta. Del mismo veneno que peor aun, le sirven a una supuesta democracia y no son más que instituciones al servicio de un tipo de concepción: la de la propiedad privada y el capitalismo que sin ella no funciona, convirtiéndose desde lo moral en el capitalismo penalista. Porque mientras más causas o preventivas acumula el sistema de la pena, el sistema del llanto, puede con ello mantener la creencia en una ley que se jacta de humana y lo único que hace es reproducir y mantener las desigualdades, las explotaciones y opresiones.

Y ya que estamos hablando de horizontes, a mí me gusta el sol cuando se pone, un horizonte (sin nada de iluminismo e ilustraciones, más bien como es) con luz: dorada y anaranjada, violeta y celeste, blancos y amarillos. Qué placer esa línea allá en el fondo con ese plato, que ejemplo el de ese sol. Nos echa la luz seas rico, pobre, feo, lindo, angustiado, alegre, forro, buena onda, bondadoso, boludo, prejuicioso, libre, sereno, manipulado, dominado y dominador. Todas estas y cuantas se nos ocurran, el tipo sigue ahí. Alumbrando para que veamos. Ahora si, cuando se va se nos hace la noche, y los muros son como esa noche, son de ese talante como es el poder del mal gobierno: nos pone semejante puerta y un semejante edificio para ver si nos atrevemos a entrar y caminar.
Porque si nos acordamos no hay camino sin caminante, no hay puente sin gente que lo cruce. Por eso que elijamos lxs atrapamuros caminar la noche para empezar a cambiar.

Porque creemos que un mundo mejor es posible, empezamos, y empezamos desde acá, el cotidia

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